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Así como crece el número de sobrevivientes de trauma, asimismo crece el número de personas que vivirán a realizar esta última fase de la vida. En esta tercera fase, es aparente que la persona cuya vida es prolongada por la intervención médica continúa sufriendo los estragos progresivos de las enfermedades crónicas tales como la artritis, la diabetes, el enfisema, y un sinfín de otras enfermedades. Las etapas finales de estas enfermedades dan ímpetu al argumento de que el paciente no tiene la capacidad para vivir independientemente. Con el tiempo, bajo coacción de la familia o del médico y los servicios sociales, capitulamos y hacemos lo que se debe hacer. Consentimos al cuidado custodial supervisado. La cuestión es, ¿dónde se hará el cuidado custodial?

El grupo que promueve el "plan de dos años" sostiene que la solución de "sonreír y aguantarse" es ridículo. Justamente cuando el refugio y la privacidad se necesitan más, nos piden que rindamos nuestro hogar y que busquemos cuidado institucional. En casa, pudiéramos haber adquirido cuidados de una persona a otra. En los sistemas institucionales, nos confronta una proporción de seis a uno. Por consideración a los muchos proveedores de cuidados de salud, se debe hacer hincapié en el hecho de que ni la misma Madre Teresa en patines podría atender a seis pacientes a la vez.

El negocio de los cuidados médicos es enorme – es un negocio que acomoda cada año a más sobrevivientes de trauma, los cuales corren el riesgo de convertirse en mercancía humana y en estar sujetos al famoso "bottom line" : las ganancias.

El plan de dos años es un plan austero digno de considerarse. Es para un punto específico del tiempo. Como la mejor carta, se debe guardar hasta que todas las avenidas posibles se hayan probadas o agotadas. La iglesia, la comunidad, los amigos y familiares nos apoyan cuando pasamos por la fase IADL. Luego, cuando el médico considera que el cuidado custodial de ADL es una necesidad médica, la opción de quedarse en su casa es creíble. De verdad, para jóvenes y ancianos, no hay mejor lugar que el hogar. Es donde residen los recuerdos de nuestro corazón.